martes, 2 de octubre de 2012

La economía del bien común


LA ECONOMÍA DEL BIEN COMÚN

Bueno, antes que nada quisiéramos disculparnos por publicar este blog con tanto retraso…

Está claro que como colectivo y como personas no aceptamos el estado actual en el que nos vemos inmersos. Da igual la edad que tengamos o la formación que tengamos…esta maldita crisis y todas las acciones que se hacen en su nombre han irrumpido en nuestra casa, se han sentado en nuestra mesa y se comen nuestra comida y la de nuestros hijos ante nuestros ojos…

Es evidente que estamos más que hartos y que queremos cambiar, y las bases del programa (planteadas por Julio Anguita) son una magnífica, aunque ambiciosa, propuesta de cambio. Y lucharemos por ello con todas nuestras fuerzas. Queremos un cambio social, queremos un cambio que abogue por el “99%”, en resumen, queremos un cambio en la política…pero, ¿es la política lo que nos ha llevado hasta aquí?

En los últimos años hemos visto como, de buenas a primeras, palabras como “mercado”, “Ibex”, “prima de riesgo” y demás se colaban en los telediarios y nos llenaban la cabeza de palabrería…una palabrería que, por desgracia, acabaría por formar parte de nuestro vocabulario más elemental…y ¿por qué? Porque desgraciadamente hace mucho que el destino de las personas no lo deciden unas elecciones, ni una constitución, ni siquiera el político de turno…

La ECONOMÍA, los MERCADOS. Son la mano tras la marioneta. Y el modelo económico actual es el sustento que necesitan para seguir prosperando... (¿Alguien recuerda las declaraciones de Rastani? http://www.youtube.com/watch?v=026BMNC8xCo). Ésta es una realidad dolorosa e innegable, al igual de innegable que el hecho de que nuestro sistema económico es un sistema finito y que es cuestión de tiempo que muera, puesto que se basa en un sistema que necesita crecer, crecer y crecer para mantenerse, como si alimentásemos a una vaca que para vivir necesita comer más que ayer y que sólo engorda más y más agotando nuestros recursos y nuestro espacio.

 Queridos compañeros y compañeras, queremos un cambio pero queremos mantenerlo en el tiempo. Queremos que los objetivos conseguidos sean duraderos y que no estén sometidos bajo el yugo de un sistema desigualitario, corrupto y vacío de ética y moral. Y, desgraciadamente, esto no es posible con nuestro sistema económico. Con todo esto sólo quiero destacar la importancia de que los cimientos de nuestro futuro sean fuertes para nosotros, para la MAYORÍA. Y por eso hoy os traigo un modelo económico alternativo basado en la ética y en el bienestar: LA ECONOMÍA DEL BIEN COMÚN.

“La economía del bien común” es un libro escrito por el economista y politólogo austriaco Christian Felber. De pensamiento un tanto heterodoxo, Felber parte de planteamientos tan sencillos como los siguientes:
• ¿Es razonable que la diferencia entre el salario mínimo y un gerente sea de 800 veces en Austria, 5.000 veces en Alemania o 65.000 veces en Estados Unidos?
• ¿Es normal que empresas que se aprovechan de la mano de obra infantil, que no respetan los derechos de los trabajadores, que contaminan, etc. puedan competir en la mismas condiciones que las empresas responsables?
• ¿Debe ser exclusivamente el beneficio económico el único valor que impulse a las empresas del siglo XXI?

Para Felber el egoísmo, el afán de lucro por encima de las personas, la competencia a toda costa, un sistema de crecimiento que se basa en la desigualdad, etc. son los principales causantes de la crisis en la que nos encontramos.

Felber explica que “hoy el éxito se mide en relación al beneficio financiero, mientras que el económico se mide con el PIB. Son indicadores obsoletos, pues lo que debe determinar si la economía avanza es el grado de satisfacción de las necesidades humanas”.
Esto suena muy bien, pero ¿Por qué deberían las empresas cambiar de modelo? ¿En qué les beneficiaría?

Felber asegura que los Gobiernos que apuestan por esta economía, reconocen a las empresas que se preocupan por el bien común y por lo tanto les darán prioridad (beneficios fiscales, ayudas, etc.) frente a aquellas que no lo hacen, que no son socialmente responsables.

A través de una serie de indicadores, Felber propone crear un índice de responsabilidad de las empresas (respeto por el medio ambiente, conciliación laboral, brecha salarial, derechos laborales, etc.) etiquetando los productos y servicios de las empresas en función de su grado de compromiso de modo que además de los beneficios fiscales que las empresas puedan obtener, los consumidores también puedan reconocer de qué forma una empresa está o no, trabajando por este bien común.

Es sin embargo, una carrera de fondo, un cambio de mentalidad que debe implicar tanto a la sociedad, como a los Gobiernos y empresas, pero que si se pone en marcha, poco a poco comienzan a verse unos resultados que suelen traducirse en un descenso dramático del paro y pensiones garantizadas.

En su aplicación maximalista, Christian Felber propone en su libro postulados tan interesantes como…
• Apoyar a bancos que únicamente financien empresas e iniciativas que además de rentables, mejoren la calidad de vida de las personas y respeten la naturaleza.
• Considerar que únicamente una empresa tiene éxito si contribuye a reducir al paro y sus objetivos están en consonancia con necesidades reales.
• Instaurar un año sabático por cada década trabajada, con el fin de reducir matemáticamente el paro en un 10%.
• Las empresas con buenos balances del bien común disfrutarán de ventajas legales: tasas de impuestos reducidas, aranceles ventajosos, créditos baratos, privilegios en compra pública y a la hora de reparto de programas de investigación, etc.
• La democracia representativa será completada por la democracia directa y la democracia participativa, etc.

Este movimiento empezó tímidamente, pero la difusión de sus ideas no ha parado de crecer desde que las pusieron en circulación: en toda Europa ya hay 700 empresas dispuestas a aplicar estas nuevas reglas de juego, 100 de ellas radicadas en España, y en Alemania hay tres universidades, un banco y múltiples entidades públicas y privadas que se han interesado por esta otra forma de organizar los negocios.

En este artículo podéis ver cómo poco a poco este tipo de economía procura hacerse un hueco en nuestro país: http://www.lavanguardia.com/economia/emprendedores/20120829/54342576619/economia-bien-comun-hub-barcelona.html

Aunque ya hay algunos pioneros como por ejemplo, Mondragón Corporación Cooperativa (MCC), del País Vasco, que es hoy en día la mayor sociedad cooperativa de todo el mundo: comprende 256 empresas y ocupa a unas 95.000 personas con un volumen de negocios de 15.000 millones de euros. Una pequeña parte de sus beneficios se reparte entre los trabajadores, otra mayor se reinvierte y otra va a parar a un fondo de cooperación central que permite compensar las diversas explotaciones. Desde su fundación en 1946 no se ha despedido a ningún trabajador.

Eduardo Punset en su libro “Viaje al optimismo” menciona: “Nos sobran razones para pensar en un futuro mejor”. Potenciar que esta nueva economía que aboga por disminuir el paro, cuidar el medio ambiente y premiar las políticas sociales puede ser una herramienta para nada desechable en este proceso, no la olvidemos. Pocas veces tenemos la posibilidad de hacer algo tan grande y hermoso como lo que nos proponemos hacer. Tal vez ésta pequeña aportación sea sólo un pequeño paso en este camino pero como decía Lao-Tsé:” Un viaje de mil kilómetros empieza por un primer paso”


Y un ejemplo de empresa que funciona aplicando este modelo económico:


Si queréis más información:


Esperamos que os haya gustado.

Un saludo!

Alba Jiménez y Daniel Martín

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